viernes, 9 de octubre de 2015

ARTE

Academicismo en Arte


Otros Nombres
Academismo; Arte Académico
Historia
El término se relaciona directamente con las academias y con el arte que allí se produce. Presentes en Europa desde 1562, con la creación de la Academia de Dibujo de Florencia, y diseminadas por diversos países durante el siglo XVIII, las academias de arte son responsables del establecimiento de una formación artística tipificada, anclada en una enseñanza práctica – sobre todo en clases de dibujo de observación y copias de moldes – y teórica, en la que se articulan las ciencias (geometría, anatomía y perspectiva) y las humanidades (historia y filosofía). Al defender la posibilidad de enseñanza de todo y cualquier aspecto de la creación artística por medio de reglas comunicables, esas instituciones desechan la idea de genio, movido por la inspiración divina o por la intuición y talento individuales. Rompen con la visión de arte como artesanía, y eso acarrea un cambio radical en el estatus de los artistas: dejan de ser artesanos de las guildas y pasan a ser considerados teóricos e intelectuales. Además de la enseñanza, las academias son responsables de la organización de exposiciones, concursos, premios, pinacotecas y colecciones, lo que significa el control de la actividad artística y la fijación rígida de normas de gusto.
La asociación más nítida de la academia con una doctrina estética específica se verifica en la creación, en París, de la Real Academia de Pintura y Escultura, en 1648. Dirigida por el estadista Jean-Baptiste Colbert (1619-1683) y por el pintor y teórico del arte Charles Lebrun (1619-1690), la academia francesa impone una ortodoxia estética sobre la base, principalmente, de la obra del pintor francés Nicolas Poussin (1594-1665), actuante en Roma. Su pasión por la Antigüedad, revelada en temas alegóricos con una derivación mitológica o histórica – y asociada a la claridad expresiva y la obediencia a las reglas -, define el estilo de Poussin, que se convierte en el eje de la doctrina académica, sobre todo a partir de 1663, cuando Lebrun asume la dirección de la academia. Con Colbert y Lebrun, se incorporan al orden del día los términos bellas artes y arte académico, acentuando la distinción entre artes mayores y menores, arte puro y aplicado.
El sentimiento revolucionario que se disemina en Francia intensifica las críticas a los privilegios de la academia de entonces, lo que conduce a su disolución, en 1793 (se reconstruye la Academia de Bellas Artes 1816). Durante el periodo revolucionario y, en seguida, bajo el imperio de Napoleón, la pintura neoclásica se alza al primer plano, y tiene entre sus principales exponentes al pintor Jacques-Louis David (1748-1825). David lidera el movimiento por el fin de la academia, así como se pone al frente del proceso de su refundación. A partir de eso, el neoclasicismo aparece directamente relacionado con la producción académica, en la dirección contraria de la exhuberancia barroca y de la frivolidad rococó. El entusiasmo por el arte antiguo y la recuperación del espíritu heroico y de los patrones decorativos de Grecia y Roma se benefician, entre otros, de la investigación arqueológica (de los hallazgos de las ciudades de Herculano, 1738, y Pompea, 1748) y de la obra de los alemanes radicados en Italia, el pintor Anton Raphael Mengs (1728-1779), autor del célebre Parnaso (1761), y el historiador de arte y arqueólogo Joachim Johann Winckelmann (1717-1768), principal teórico del neoclasicismo con la publicación de Historia da Arte Antigua [Historia del Arte Antiguo] (1764). David ejercita su estilo sobre la base de la experiencia italiana que conoce desde cerca (estuvo en Roma en 1774 y 1784) y en los ejemplos franceses de Poussin y Claude Lorrain (1600-1682). La dicción austera de las composiciones – a la vez sencillas y grandiosas -, desproveídas de ornamentos y detalles irrelevantes, en las que el trazo firme y el dibujo prevalecen sobre el color, se convierte en la marca característica de David. El Juramento dos Horácios [Juramento de los Horacios] (1784) y A Morte de Sócrates [La Muerte de Sócrates] (1787) son evidentes ejemplos de la gramática neoclásica utilizada por el pintor francés, en los que conviven el equilibrio y la precisión de las formas. Pintor de la Revolución Francesa (refiérase, entre otros, a A Morte de Marat [La Muerte de Marat], 1793), David fue, además, defensor de Napoleón (Coroação de Napoleão [Coronación de Napoleón], 1805/1807). En los dos momentos, Francia escenifica los modelos de la Roma republicana y de la Roma imperial, tanto en el arte como en la vida social, en las modas y en los modos sencillos, que rechazan los excesos del estilo aristocrático anterior.
El sello oficial de las academias, asociado a la intransigente defensa de ciertos ideales artísticos y patrones de gusto que los premios y concursos ponen en evidencia, trae consigo el rechazo a otras formas y concepciones de arte, lo que acarrea un inevitable conservadurismo. De ahí, el sentido peyorativo que rodea las nociones de arte académico y academicismo, asociadas con el arte oficial, la falta de originalidad y la mediocridad. Los grandes artistas del siglo XIX, al igual que importante parte de los impresionistas, buscan canales alternativos para exhibir sus obras, al margen de la academia. Eso no debe apartar la comprensión de las repercusiones del arte académico en todo el mundo. En Brasil, el origen del arte académico se vincula a la creación de la Academia Imperial de Bellas Artes – Aiba [Academia Imperial de Bellas Artes], inaugurada oficialmente en 1826, y marca el inicio de la enseñanza superior artística en Brasil. Los premios y becas de Viaje al Exterior concedidos por la Aiba juegan un rol decisivo en la formación de artistas, como, por ejemplo, Víctor Meirelles (1832-1903) y Pedro Américo (1843-1905). En líneas generales, el arte académico en el país corresponde a un modelo neoclásico aclimatado, que tiene que hacer frente a las condiciones de la naturaleza y sociedad locales. Entre las diversas alteraciones en el modelo, se encuentra entre los pintores académicos de Brasil el predominio de los paisajes, pese a la jerarquía de géneros que consideraba secundario el paisaje.


 

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